Pues sí, un fin de semana de San Isidro sin la cámara a cuestas, sin correr de acá para allá, sin tener que aguantar grupos de
borrachuelos reclamando su
trocito de fama en el
periódico del
día siguiente, sin jornadas eternas de mañana a la madrugada, sin toros ni toda la
gomina que lo rodea, sin botellones ni basura, sin conciertos ni
cacharritos, sin
políticos a la caza del voto y la foto, sin ese olor a feria que se impregna en ropa y cuerpo. Este fin de semana lo pasaré
tranquilamente con mi mujer y mi hijo disfrutando de otra manera esas ferias que tanto gustan a los que la disfrutan y tan poco a los que la sufren o trabajan, aunque siendo franco y algo
sadomasoquista, al final mola.






